El amor de una madre que ama en su máxima potencia es capaz de mover cielo, infierno y tierra si su hijo está en peligro. Es un amor tan intenso, que ni la temperatura del sol llega a la altura de tal magia, de tal fenómeno.

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El amor de una madre, cuyo corazón late fuerte por su hijo es capaz de causar tornados, huracanes, terremotos, erupciones volcánicas, incendios de bosques y sobre todo… Alteraciones de tiempo y espacio.

El amor de una madre, cuyo hijo es el mundo ante sus ojos… Es capaz de causar un génesis, un apocalipsis, una ruptura, una ascensión. Y aquellos que se atrevan a interponerse entre el amor de una madre y su hijo, se enfrentarán a un tigre, a un león, a una pantera.

Pues tan solo el amor de una madre, que ama de verdad, es capaz de presentir, intuir, proteger y sanar. Es tan fuerte, que el universo entero podría colapsar, cambiar, comenzar, acabar.

El amor puro entre un chiquillo y una madre, es lo más valioso que hay. La mejor razón para ser fuerte, para sonreír, para llorar, para continuar, para luchar, para emprender, para conquistar miedos y acabar con egos que traen inseguridades.

No hay nada como el amor de una madre que en sus venas y en cada célula ama. No hay poder alguno que apague tal fuego. No existe remedio para tal elemento, cuando de madres, hijos y profetas es el momentum.