Te amo, cuando te pienso. Tu imagen se desliza pícaramente por mis deseos y pesadillas. Tu nombre aparece en memorias dejadas en cajas que juntos construimos. Te amo en silencio, porque mis labios no se atreven a musitar tus sílabas. Nadie sabe sobre este atresorado sentimiento. 

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Cuando te vi, el tiempo paró por un par de segundos. Tus ojos, tan dulces como la luna; me desenvolvieron, desataron, me desnudaron, me liberaron. Tus besos, como azúcar, me cautivaron, me despedazaron. Tú pusiste en marcha la salida de quien deseaba dormir como una háda en medio día.

El brillo que irradió en tu alma, se entrelazó con la mía y juntos causamos un desastre de tiempo/espacio y sincronización inaudita. Viajabamos como ciegos en paraíso, y ambos olvidamos que eramos uno.

Alguna vez pusiste tus manos sobre mi corazón y te lo llevaste. Tinturamos nuestro amor con deseo letal y pecado. Llevamos a cabo un laberinto que solo tú y yo caminamos. Los tigres aparecieron y lentamente mordieron nuestros sentidos. Varias veces sangramos dolor a causa de errores compartidos.

Te imagino caminando, te recuerdo nadando un lago de néctar pasión. Sé que te amaré por toda mi vida. Sé que me amarás cada día de tus días. Hasta que por fin, nuestros corazones ya sanados, recuerden las promesas, los pactos perfectos.

Gran amor de mis amores, mis labios son tus labios. Gran caballero de mis temores, mi cuerpo es tu rienda. Y las ganas de amarte nunca han cesado. Las ganas de disfrutarte, las sacio con un pensamiento prohíbido.

De aquellos tiempos en que nuestros cuerpos, biologicamente co-existian. Cuando tus ojos se despertaban, los míos seguían. Cuando mis caderas bailaban, tu piel sudaba mi nombre, y solo mi nombre.

Te siento precioso de mis relámpagos, truenos, miedos y deseos. Eres mi incúbu de noches perdidas. Eres el futuro que alguna vez pinté en luz neón. Eres el aroma que me acentuaba como puta, como santa.

Contigo viajé hacia el infierno y nunca me sentí quemada. El cielo era mi hogar, allí entraste como si nada. Tus brazos fueron los que me abrazaron al fin del mundo. Tan poco sabiamos que tú y yo… Jamás nos dejaríamos de amar.